No tengo bateria – Eloy Arribas

No tengo batería / Eloy Arribas

ELOY ARRIBAS NO TIENE BATERÍA

por Teresa Calbo

 

El puñal

entra en el corazón,

como la reja del arado

en el yermo.

Federico García Lorca.​ Poema del cante jondo

 

A una exposición se entra por alguna puerta.

A esta de Eloy Arribas yo entré atravesando los campos de Castilla hasta llegar a Pedrajas, casi perdida en la monotonía de los trazos del arado sobre la tierra. Ante Eloy me presenté con la tierra en los zapatos y mirando los suyos vi que tenían escrito aquel verso de Walt Whitman:“¡Tierra! Pareces buscar algo en mis manos”. Sus manos habían arado en el yermo de los lienzos y después, o antes (nunca se sabe con los artistas), habían esparcido allí ciertos objetos: naranjas, sandías, plátanos, limones, hojas, espadas, puñales, pan, ramas, ladrillos y piedras. La exposición se llamará “No tengo batería”, dijo, y me pasó el testigo de esta expresión que es una “Lamentatio” de quién va con una herida de puñal en ese costado izquierdo del pecho donde habita el deseo.

“No tengo batería” significa al menos tres cosas al mismo tiempo. La palabra batería la usamos en nuestra lengua para designar un objeto que llevan los artefactos que es como el corazón pero también es el intangible “animus” con una vida mortal que los hace funcionar. Claro está que a este corazón de los artefactos se le insufla el hálito vital cada vez que decae y entonces da la sensación de que es eterno

Por otro lado, la batería designa un instrumento de percusión. Zach Hill toca la batería.

Cuando Eloy se lamenta de que no tiene batería se refiere a todos estos significados, pero la expresión deja de ser una polisemia recurrente cuando transitas los lienzos. No se trata de partes enunciadas una detrás de otra: la primera sería el hecho de que lleva un puñal que le ha “estropeado” el corazón para siempre, la segunda sería que le falta el hálito vital y la tercera que no tiene una batería como Zach Hill. “No tengo batería”, en cambio, despliega la epopeya de estos tres momentos líricos: un corazón atravesado por un puñal resucita mágicamente llamando a fuerzas de vida al ritmo abismal de la batería. “No tengo batería” es una escritura ritual que se conjura contra el lamento “No tengo batería”.

Eloy Arribas no tiene batería pero tiene un pincel en sus manos. Sobre el lienzo yermo inscribirá su conjuro. Los objetos que vemos no son representados sino traídos como símbolos arquetípicos que activan de una manera intuitiva el relato. La “Lamentatio” viene a ser una espada quebrada en dos.

Toda rotura implica la escisión de una unidad primordial, la pérdida de un estado de serenidad en el que nada nos falta ni nos sobra. A partir de la dualidad se instituye la discordia y el conflicto con la tierra. Se camina entonces con un puñal clavado en el corazón. Se quiebra la voz y todo ha de decirse de otro modo. Empieza el llanto de la guitarra que ​llora monótona como llora el agua, como llora el viento ​(García Lorca), el golpe de la percusión, el murmullo incomprensible de un canto, el casi grito desesperado… Eloy Arribas traza esta “Lamentatio” indecible. Pero también dispone los objetos rituales para transformar el tono del relato: un pan redondo que acompaña a los muertos que van a resucitar; limones que tienen el poder de contrarrestar los maleficios mágicos y los venenos; naranjas y sandías simbólicamente asociados a la sexualidad; escritura de ramas y líneas que bailan en algún lugar imaginario (anhelo de cuerpos); y sobre todo, la espada restablecida, atributo masculino, fálico por excelencia, símbolo de la fuerza, energía de la voluntad, disipadora de las tinieblas y corriente generadora en el mundo de la magia. Con la espada llega algo así como un paraíso, un estado de reconciliación con la tierra. El caso es que yo entré a la exposición por los campos de Castilla siguiendo el compás del Cante de Trilla y salí por el Caribe bailando cumbia.

Ante Eloy me presenté con la tierra en los zapatos y mirando los suyos vi que tenían escrito aquel verso de Walt Whitman:“¡Tierra! Pareces buscar algo en mis manos”

ME TIRASTE UN LIMON Y ME DISTE EN TO LA FRENTE

Acrilico y vaciado acrílico  sobre lienzo
150x150cm.
2020.

2.700 € + IVA

EL CHOCOLATE

Acrílico,, vaciado acrílico sobre lienzo.
125x147cm.
2020.

2.500 + IVA

OJOS VERDES

Acrílico, vaciado acrílico sobre lienzo.
147X125cm.
2020.

2.500 € + IVA

Eloy Arribas no tiene batería pero tiene un pincel en sus manos. Sobre el lienzo yermo inscribirá su conjuro. Los objetos que vemos no son representados sino traídos como símbolos arquetípicos que activan de una manera intuitiva el relato

TONADA DE LUNA LLENA

Acrílico, vaciado acrílico sobre lienzo.
147,5x125cm
2020.

2.500 € + IVA

LA PERLA

Acrílico y vaciado acrílico sobre lienzo.
56X46cm.
2020.

950 € + IVA

©Eloy Arribas

TOTÓ TRES GOLPES

Acrílico y vaciado acrílico sobre lienzo..
100x81cm
2020.

1.600 € + IVA

CHIPPEDALE

Acrílico y vaciado acrílico sobre lienzo.
56x46cm.
2020.

900 € + IVA

Para mí los cuadros de esta serie son canciones. No ilustraciones de canciones de otros, canciones en si mismas, en las que el tiempo que existe entre la primera y última nota se ha sustituido por el espacio que queda entre los cuatro vértices que delimitan su superficie. Cada fruta, cada ladrillo cuenta una parte de la letra, su posición marca su compás, y todo junto invita a una fiesta eterna de amores, caricias, muertes y resurrecciones.

Eloy Arribas

SE ME PARTIO LA BARRENA

Acrílico y vaciado acrílico sobre carton encolado a madera.
37,5×54,5cm
2020.

800 € + IVA

ME TIRASTE TRES LIMONES Y ME DISTE EN TO LA FRENTE

Lapiz, acrílico y vaciado acrílico sobre lienzo.
38x25cm.
2020.

600 € + IVA

ME TIRASTE CINCO LIMONES Y ME DISTE EN TO LA FRENTE

Acrílico y vaciado acrílico y cera sobre lienzo.
46x38cm.
2020.

750 € + IVA

THE METAL EAST

Acrílico y vaciado acrílico  sobre lienzo.
147x125cm
2020.

2.500 € + IVA

CUMBIA DEL PAJARO ZINZONTLE

Acrílico y collage sobre lienzo.
97X100cm
2020.

1.800 € + IVA