Réplica

Réplica de Julián Cruz

La anécdota que voy a contarles es cierta: hace muchos años, yo trabajaba en un club llamado Oui, en la Calle de Santa Ana, en Madrid. No era un club atronador, más bien uno para espíritus nocturnos que buscaban allí un oasis chill, acogedor. Había un pareja joven que venía regularmente y que me parecían encantadores, aunque nunca llegué a hablar con ellos demasiado, más allá de los mundanos “qué tal“ y “cómo estáis“.

Réplica julián Cruz Herrero de Tejada

Dos años después de que cerrara el Oui, me encontraba al sol del Otoño veneciano, ausente, abstraído, dejando que el calor se adentrara por mi gabardina y me acariciara los huesos, en una terraza en la Plaza de San Marcos. En un momento en el que me encontraba reclinado, pensando sólo en el brillo que velaban mis gafas de sol, una mano se posó sobre mi hombro, dando golpes leves. Me giré y entonces una voz me habló: “¿Nos conocemos, verdad?“ Esa voz era la del chico que llevaba viendo durante años en el Oui, era Julián Cruz. Enseguida él se sentó conmigo y yo, que en ese momento estaba sumido en mi asombro, sólo esbocé una sonrisa, pues no pude hablar. Entonces, Julián me dijo: “Mira, quiero que veas esto“. Entonces sacó su cartera y me mostró una fotografía mía de carnet. Por un momento me asusté, pues creí que Julián era un espía y que yo era el objetivo que debía matar. Pero no; me explicó que poco después de que el Oui cerrara, él se encontró esa fotografía en El Retiro; que, por combinaciones mágicas de la vida, esa foto que algún día se me escurrió a mí, fue a parar a sus manos. “La llevo desde entonces“, me dijo, y después los dos nos reímos.

Réplica julián Cruz Herrero de TejadaRéplica julián Cruz Herrero de Tejada

 

 

 

 

 

A partir de ese encuentro, bajo el viento cálido de Otoño, nos hicimos muy amigos. Hemos compartido lo que los artistas sólo podemos compartir en nuestra soledad, que es el amor por nuestro trabajo y el regalo de entregárselo a los que admiras. No hace mucho, Julián y yo hablábamos de los preparativos de esta exposición, acompañados de un pollo al horno y unas croquetas. Cuando me dijo que la iba a titular Réplica, casi me caigo de la silla, pues yo estuve a punto de llamar así a la mía. Él no se sorprendió tanto y, de hecho, lamentaba que no las fuéramos a titular igual, pues él quería forzarnos a que nos integráramos, a que cada uno de los dos perdiera lo que otros estaban obsesionados por encontrar: su identidad. Por eso, los cuadros que Julián presenta en esta exposición se deben a ese juego peligroso y necesario del arte: a saber robar a quien amas y a abandonar toda idea de originalidad, precisamente, para poder crear nuevos y sólidos artificios

Réplica julián Cruz Herrero de Tejada

Y sobre esto hablan sus obras: en reunir en la unidad lo que es fragmento y enigma y espantoso azar; en casar, alegremente, estilos y códigos que previamente habían estado separados. En destruir, con la mano sacrílega que caracteriza a Julián, la distancia entre lo alto y lo bajo; en ir, en definitiva, en contra del acomodamiento del sentido y del confort.

Julián Cruz Réplica Galería Herrero de Tejada

Una zanahoria está tan cerca de lo que un conejo esta de un diamante, 130×162. Acrílico sobre lienzo. 2016

Quizá por todo esto, después de tanto tiempo, sigo pensando en que Julián quería que nos encontráramos en Venecia; que todas estas combinaciones no eran sino juegos privados para embellecer nuestra amistad. Y, puede que por este motivo, yo me haya visto en la posición de escribir este texto, forzándome a perder mi identidad, pues creo que estas palabras no son mías, sino que las usa Julián a su antojo.

Porque, a pesar de que los textos de este tipo, siempre son para hablar bien de quien te los encarga, tengo la extraña sensación de Julián ya conocía perfectamente el orden en que estas palabras y estas frases irían dispuestas. Y sólo así, comprendiendo que el juego del arte se escurre por caminos insospechados, podemos entender lo que él dice en el catálogo que acompaña esta exposición: “no hay nada que embellezca más el mundo que la mentira“.

Alfredo Rodríguez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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