Más Motocross

Más Motocross // Eloy Arribas

Sabina Urraca

Lo primero lo vi en internet: Una carita pequeña de cerámica, desvalida, como de un hombre aturdido, emergiendo de un bol. Todo ello del material exacto del que están hechos los borrachos. ¿Quién ha hecho esto? ¿Quién es este tío? El internet decía: E l o y A r r i b a s.

Lo siguiente fue ya en Pedrajas de San Esteban, que asumí parque temático de Arribas, su circuito externo de motocross. Solo en una casa enorme, niño prodigio rumiando demasiadas cosas con demasiada claridad en su circuito interno de motocross. En uno de sus miles de cuadernos del rumiar, dice: «Últimamente soy el único espectador de mi obra». Porque sí, sólo una perra y un caballo lo observaban desde el patio. En la cocina, un cuerpo vacío de motorista, como una armadura medieval de cartón piedra, yacía piernas arriba, cabeza abajo, apoyado en la pared, ajeno también a lo que se gestaba a su alrededor.

Detalle de sala

Sin título. öleo, spray y collage sobre lienzo 100x80cm. 2016

Eloy Arribas tiene un taller que es almacén de pueblo, planta alta de cochera, lugar donde tener grupos de punk y comas etílicos. En el centro del taller, la mirada tierna y bruta del cochecito amarillo. Hay algo de niño haitiano superdotado y profundamente decidido en ese coche. Hay inteligencia en la naranja de esa esquina del cuadro, en cada mancha, en esa bala de ventosa que sale de la pistola, en la violencia de los colores. Sin embargo, lo mejor está en lo que se ha tapado. Lo brutal son esas capas que llevan encima un cambio, y otro, y otro más. Una querría ponerse frente a una pantalla y que proyectaran un stop motion de Eloy Arribas avanzando, cambio a cambio, y que la voz en off de un motorista sin aliento explicase cada uno de ellos. También los cuadros hablarían, pidiendo lo suyo, lo que se merecen, en una conversación entre artista y obra digna de ver comiendo torreznos de una bolsa. Las obras de Arribas poseen precisamente el grosor rico del proceso largo, del manjar que parece sencillo, pero que lleva meses macerándose para ser puro y letal al paladar. Si hubiese que retratar a Eloy, esa obra sería un vídeo nocturno de él subido al patín, con su perra corriendo y tirando de la correa, a toda velocidad. Luz, baldosín suelto, oscuridad, un árbol, un poste de electricidad: el artista internándose en los procesos de su creación a una velocidad animal.

“Hace unos años -dice Arribas- no podría haber hecho este coche así, sin más. Habría hecho un coche atropellando algo. ¿Por qué, si lo que quiero es hacer un PUTO COCHE Y YA ESTÁ?». Una rabieta plácida de hedonismo y verdad.

A un cuadro lo llamó Youporn, pero luego se dio cuenta de que era demasiado obvio, y lo cambió a Redtube. Ese tachón sobre Youporn es gloria: marca del artista domándose y decidiendo cómo se doma. Señala el detalle con su dedo, que ostenta un anillo de plata con la cara de Camarón. Eso es MÁS MOTOCROSS: lo jondo. Menos estrategia, menos silencio, más sentimiento, más color.

Sin título. Técnica mixta. 150x172cm. 2016

Hay algo en Arribas que se revuelve por retornar a un romanticismo primario, a un placer estético sencillo. No hay mayor pretensión que la búsqueda de la emoción primaria. En realidad, salvando la premeditación y el agudo trabajo cerebral, sus obras son primas cercanas de las pintadas en un muro de su pueblo, que consiguen transmitir lo primordial en bloque por medio de un: «Julito quítate el top Pedrajas en fiestas sólo tías buenas».

Eloy Arribas es pueblo y urbe, tierra y fiesta, soles azules tapados por soles rosas tapados por un cono naranja de tráfico tapados por una nube con rayos. A ver si me explico: es en ese almacén frío y precioso, lleno de trastos, donde yo he visto esta exposición. ¿No es bello observar las costuras de las cosas, dónde fueron remetidas las hechuras y qué se hizo y se deshizo? En la galería está todo limpio, bien colocado, y es maravilloso que así sea, pero hay que saber que estos cuadros han dormido entre ruedas de coche y mantas viejas. Uno de ellos, incluso, viajó una vez en un transportín para caballos. Otro fue desembalado a dentelladas por una perra. Cuánto honor. No puede ser que para ellos, para los cuadros, no sea importante eso.

                  

Y aquí hay que hablar de la entraña más profunda. Porque me parecería injusto que alguien no supiese de las bambalinas de todo esto que vemos aquí, que es nada más y nada menos que una construcción repensada y replanteada. Sus cuadernos albergan las tripas de todo este sarao, lo que ha tenido que haber antes de llegar a esto que vemos. En esas hojas se ven planos de máquinas, poleas. Como esos niños que, nada más recibir los regalos, los rompían para ver qué había dentro, Eloy ha destrozado juguetes, deconstruido coches, pinchado pelotas de fútbol, escrito con la mano izquierda, y dibujado, antes que al animal, sus entrañas. Hay que ver qué hay dentro de esto tan bonito. Y entonces romperlo todo con un motocross que alborote a los centauros y las culebras.

La piscina. Oleo y spray sobre lienzo. 145x250cm. 2016

MÁS MOTOCROSS es barro fresco salpicándote la cara, haciéndote sentir feliz de estar embarrado. Esa sensación pura, una energía vibrante que es como tener mucha hambre, morderte un carrillo sin querer y que te duela un poco, pero sentir que tu propia sangre te alimenta. Sonreír. Y ver que, sentado a lo lejos, un chaval que lleva dos días seguidos de after te devuelve la sonrisa. Eso es MÁS MOTOCROSS: la energía redoblada, tras tantas noches explorando. El disfrute definitivo.

 

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