Los sentados

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El escudo de mis rodillas
Mario Suárez

Da igual como lo hagas. Pero hazlo. “Siéntate y disfruta” dicen en los teatros.

Es la segunda postura más natural de todas, la segunda para algunos, la primera para otros. Sentarse es la posición ergonómica menos ergonómica de todas, pero también la más recurrida. Frente al estado de estar de pie o tumbado, el sentarse es confluencia entre ambas y por ende la posición que camina entre la tensión y la distensión. Por eso para algunos es su postura más natural, la del equilibrio. Uno se sienta para reposar, para mantener la balanza entre lo horizontal y lo vertical, para pensar y refugiarse en uno mismo.

Las madres se sientan para dar de amamantar a sus hijos, los amigos se sientan para interesarse el uno por el otro frente a un café, los jugadores de ajedrez luchan sentados, y los reyes en la Edad Media recibían así, sentados en un trono, a sus lacayos. Sentarse con alguien es abrirse al diálogo, por eso los políticos lo hacen o rehúyen de esto. Las rodillas dobladas, la espalda semi-inclinada al frente y los codos apoyados. Es la fórmula matemática perfecta del encuentro entre dos personas, aquella que no marca distancia ni impone, aquella que nos hace iguales ante diferencias de tamaño o posición. Pero también aquella que nos hace incluso dignos, pues oculta defectos físicos y materializa la perfección que todos aguantamos de nosotros mismos. Sentarse es mentir también sobre uno, pero hacerlo de manera relajada, en equilibrio y protegido por nuestras propias rodillas. Quien se sienta, se protege y se armoniza.

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“Fue un día maravilloso; caminó hasta tan lejos que al volver a la villa la luna muy alta iluminaba el lago con sombras púrpuras y plateadas. Como el espectáculo era grandioso no entró a la villa, sino que atrajo una silla hasta el borde del agua para respirar el perfume de la noche. Se quedó dormido”. La escritora estadounidense de origen británico Frances Hodgson Burnett (1849-1924) daba este poder a una silla en su obra ‘El Jardín secreto’. La posicionaba como el lugar donde relajarse y dormitar, donde encontrarse con el yo. Porque esto significa el acto de sentarse, meditación e introspección personal. Pero siempre con el escudo de las rodillas, que hace de paréntesis en nuestra vida para protegernos y prepararnos para el diálogo, el enfrentamiento o directamente el sueño, el sueño sentado.

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Pero a veces sentarse es el escenario menos humano de todos, es el fin de una vida y de un terror. Sentado murió Jorge Rafael Videla, el militar y dictador argentino. Pero para humillación del tirano, lo hizo en el baño de su cárcel. “Al ingresar a su celda, se observa al mismo sentado en el inodoro de la misma y constata que el mismo no presenta signos vitales”, escribió el doctor Jorge Alberto Domínguez en el parte de muerte del militar. Murió de la manera más sucia que solo un dictador podía hacer. Moría con los pantalones y los calzoncillos bajados, sentado, con sus rodillas inertes que ya no podían protegerle. El monstruo feneció humillado, porque a veces sentarse es también otro símbolo de bajeza humana. Desnudo, rodeado de excrementos, con la cabeza ladeada y la espalda erguida, pero murió sentado.

 

Los sentados
Ana-Luisa Ramírez

Dos elementos: un asiento, un personaje.

Sentado con chaqueta verde. Grafito y gouache sobre papel Ingres. 45 x 50

Los sentados de Carla Fuentes son, ante todo, personajes evocadores. No tanto por lo que muestran estos retratos, sino por todo lo que no muestran.

Son hombres y mujeres relativamente jóvenes, diríase que de clase media, sentados en espacios no explícitos. Unos -sobre fondos oscuros-, invitan a imaginarlos en lugares cerrados, íntimos; otros -sobre fondos claros-, en la intemperie. Es, precisamente, esa inconcreción del contexto la que incita al espectador a evocar una terraza, un salón, un dormitorio, una sala de espera… que no muestran las imágenes.

El lenguaje corporal de cada sentado es otra de las fuentes de evocación. Los hay con una estudiada actitud, casi aristócrata, de pose premeditada; otros, sin embargo, parecen desposeídos de su cuerpo y, desde esa enajenación permanecen, como caracoles, replegados en sus adentros.

Sin duda, la mirada pensativa de cada uno de estos personajes, es una mirada particular. Algunos, desde su ensimismamiento, la dejan perderse suspendida en ninguna parte. Muchos de ellos, por el contrario, parecen mantener la mirada fija en un foco de atención. Tal vez miran a quien los mira, lo analizan, lo escudriñan, incluso lo juzgan. O tal vez, ajenos a sí mismos y a cualquier posible espectador, observan una escena que se encuentra más allá de la propia pintura y de quien la mira. Hipotéticas escenas que invitan, una vez más, a la evocación.

Ante ellos, uno puede sentirse ora observador, ora observado, ora observando a alguien que observa. Entretanto los sentados, desde su quietud reflexiva, esperan inmóviles disparando interrogantes.

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Sofía. Grafito y gouache sobre papel negro. 50 x 35

 

Los sentados
Toni García

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Comments 2

  1. Angel 19 diciembre, 2015

    Preciosa exposición y muy bonita la galería. Espero que tenga un largo camino de éxito.
    La visitaremos a menudo. Felicidades.

    • Galeria Herrero de Tejada 8 enero, 2016

      Muchas gracias. Estaremos encantados de recibirlos¡¡

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