Arranca el principio

Arranca el principio  // Jesus Zurita

Óscar Alonso Molina

En 2013 presenté en el Museo ABC de Madrid una amplia exposición de Jesús Zurita (Ceuta, 1974), centrada en el fundamento dibujístico de toda su producción, que respondía a una evidencia que todavía no se había demostrado: que era uno de los mejores dibujantes de nuestro panorama, no sólo un gran pintor. Hasta la fecha Zurita había mostrado en contadas ocasiones sus dibujos, creo que casi siempre incentivado por mí, pero no había más que estudiar el resto de su trabajo, o abismarse en sus cuadernos de trabajo, sus aficiones, lo que leía y lo que veía, para constatar que ese mundo gráfico, más seco y romo, más inmediato y dúctil, estaba allí. Estaba allí dominándolo todo.

Fue una magnífica exposición, por qué no voy a poder decirlo yo. Aunque sólo sea porque desde entonces la importancia de esta disciplina ha ido cobrando mayor protagonismo e independencia en su producción, también mayor soltura y versatilidad, hasta el punto que hoy sus imágenes oscilan ambiguamente aunque sin pudor entre la naturaleza pictórica y la propia del dibujo; independientemente de los soportes que emplee Jesús para materializarlas: papel, lienzo o incluso en esos murales que se despliegan por las paredes de la sala expositiva, como suele ser habitual en sus proyectos.

La exposición que ahora os presento reúne sus últimos e inéditos trabajos, y en ella el proliferante mundo de formas que le caracteriza se expande una vez más por la arquitectura que los acoge, de tal manera que más que como un marco o ambiente, hay que entenderlo todo ya como diálogo o coral, incluso si se quiere, auténtica continuidad y parte misma de la obra en las más felices ocasiones.

Arranca el principio. Detalle de sala

La tendencia expansiva de esta combinatoria, que en otros proyectos del artista ha dado lugar a envolventes atmósferas, juegos de concepción espacial desconcertantes, y secuencias narrativas a medida que conducían al espectador de sala en sala, aquí ha sido calculada, frenada cuidadosamente como parte de un experimento que Jesús me ha aceptado, pues mi intención era llevarla casi a una posición “estática”. Mi propuesta en un principio se refería a cuestiones puramente formales, de presentación incluso: que me dejara poner límites a su generosa visión del asunto. Y le sugerí que trabajara en un único formato, de lienzo, papel o lo que más le apeteciera (al final decidió como soporte el lienzo y como tratamiento el trazo del dibujo casi como si fuera un grabado al buril), y como mucho en dos tamaños diferentes. Es decir, que seleccionáramos un módulo, donde el alto y el ancho se repitiera, evitando el exceso de variantes, de tal manera que la propia premisa se encargara de controlar formalmente la parte del dibujo/pintura, creando un ritmo estable en la variedad de imágenes representadas Por otro lado, la segunda limitación que me aceptó fue que el desarrollo mural queda circunscrito exclusivamente a machones, rincones y molduras verticales, muy estrechos y estilizados, y no muy abundantes, como si de columnas adosadas a la pared o pilastras se tratara. Con ambas lo que quería era tener a Jesús concentrado en lo verdaderamente importante, y que se encontrara con decisiones muy firmes, como reglas o corsé, que le obligaran a resoplar hacia otro lado.

Arranca el principio. Detalle de la intervención en el muro.

El otro lado surgió de nuestras conversaciones. Un diálogo cada día más bonito y profundo, que es el privilegio del crítico y que no es el momento aquí de describir, pero os aseguro que es por lo que vale la pena estar en esto del arte realmente. Desde hace tiempo hablamos de un grupo de asuntos cada vez más obsesivos, temas y genealogías que nos interesan a ambos, amores compartidos, ridículos que sentimos juntos. Y así, el proyecto toma como punto de partida ciertas reflexiones sobre la figura de la rocalla, esas formas inspiradas en el arte chino y tan profusamente empleadas en el mobiliario, la decoración y la arquitectura del XVIII. Junto a ella, otra fórmula estructural emparentada, aunque de tradición mucho más antigua, como es el grutesco, será el segundo foco de inspiración para las piezas que componen este proyecto. La mezcolanza indisociable entre los órdenes, que en el seno de ambos, da lugar a formas caprichosas y fantásticas, se actualiza en la poética de Zurita, quien, por su parte, a menudo ha empleado la amalgama de lo vivo y lo muerto, o de la indiferencia entre lo mineral, lo vegetal y lo animal. Sobre esto creo que ya he escrito en otros lugares.

Arranca el principio. Detalle de sala

Detalle de la intervención en el muro

Pero semejante vaivén entre naturaleza y artificio no es lo que marca el ritmo de la exposición, aunque sí sus ritornelos, los estribillos. No, porque Jesús, como acostumbra, ha preparado una suerte de auténtica partitura visual que si en ocasiones es de carácter sinfónico, yo creo que aquí, por variadas razones, pero sobre todo por un tema de escalas, tiende más a la música de cámara. Un texto musical que se lee con los ojos y el cuerpo, mientras la paseamos. Son sólo dos salas, un puñado de cuadros y unas tiras por las paredes… pero ¡ojo! Quien disfrute de las estancias renacentistas, de los grandes ciclos murales barrocos, del nervio superficial de una fachada plateresca, de la Villa de los Misterios o de la Domus Aurea, sabrá de sobra, y a la primera, de lo que se trata aquí… Cuidadosamente dispuestas, cada una de las escenas que enmarcan los límites de los bastidores enlaza a modo de una gran escenografía con esas otras intervenciones que trepan por los ángulos y salpican techo y paredes, en un hermoso diálogo basado en los compases, las líneas melódicas y la composición. Estamos, pues, en el seno de una instalación compleja, medida y pesada hasta el último detalle -puedo dar constancia de ello por la parte que corresponde al artista, que es el quien ha llevado el peso del proyecto-, donde, a modo de auténtico tableau vivant, nosotros, los espectadores somos una pieza más, el punto de fuga de todo el dispositivo escénico.

Arranca el principio. Jesús Zurita. Herrero de Tejada.

Arranca el principio. Detalle de Sala.

Jesus Zurita Herrero de Tejada

Paulatino. Acrílico sobre lienzo. 46×33

El nuevo ciclo de pinturas y murales derivado de estos tanteos en torno a lo narrativo, lo decorativo y lo ornamental, han dado lugar a nuevas conquistas iconográficas. Nuevos motivos, como el de la vela, o el pabilo que humea, apagada ésta; un nuevo también repertorio de personajes que nos ponen sobre aviso de la influencia del cómic en un artista sobre quien la crítica destaca siempre referentes cultos e históricos; junto a nuevas formas de tratar la materia, como las de la cera derretida, el grumo de pasta, o el chorreo, goteo, desbordamiento y coagulación de lo líquido… Tanteos a más, a decir cosas todavía no enunciadas por él, novedades en el ya extenso y perturbador catálogo de temas, seres y ambientes que le son propios a Zurita. Sólo por eso yo ya estaría orgulloso de este trabajo que me ha vuelto a poner cerca de uno de los que yo considero auténticamente grandes, si no el que más.

 

 

 

 

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